Oquesta




Orquesta


Me deslizo en esta tarde mustia por lo inerte

de unos leves corazones de papel descompasados

por sonidos que encierran palabras que ya no entiendo.

Suena en silencio una orquesta que navega roja entre mis dedos

y que entre mis calles hoy brilla, musita y luego ... desfallece .

Solo quedan tus ojos. Sólo esos párpados  tristes y cansados

heridos en un guiño futilmente sutil sin límite ni consciencia

me abrazan en el perfil de un corazón y me retienen.

No sé alcanzar hoy algún sueño entre sombras maniatado

con papeles de dibujos amordazados por un  tanto por ciento,

sin atarme a ese desatino en que la sangre amotinada en un torpe deseo

muere hoy en ti por no saberte decir:  “Ya sabes… yo te quiero…”



Negación





Negación



No me mires, no me leas,

ni siquiera me adivines…

Estoy más lejos de tus palabras

y del perfil de los actos no cometidos

en sueños de almohadas por vigilias enfurecidas.

Ya no estoy en rincones de memoria

abatida por cansancios inacabados

entre tus manos, perfil de agua disecada,

ni en los labios acarminados  por venas

amoratadas en lascivos deseos de cuerpos

enredados en una realidad incognoscible.

No me mires, no me mientas,

ni siquiera entre suspiros febriles e  inacabados.

Estoy ya  lejos de ti, de mí, de todos los sueños:

más allá de todo, más allá incluso de mis versos.



Elipse enmohecida






Elipse enmohecida 


Entre una elipse de sueños apagados

busco el ocaso de lo imposible.

Nada vive en tu entorno. Ni el magma

de una cenicienta de zapatos malgastados

por un cuento cruelmente repetido

en cada noche en que, perdida,  tú me miras.

Navego más allá de mis canciones entonadas

en una esquina de un palacio derrumbado

por el orín de algún dios sin nombre ni destino.

Todo es mío. El aire que no respiras,

la noche y su amante descolorida, el alba,

mis silencios y la agonía de mis palabras.

Nada te debo. Solo el principio de un camino

que nunca abandoné en algún verso enmohecido




Cuento discontinuo




Cuento discontinuo



Tras una línea de puntos discontinuos,

por lo acompasados,

mueve el perfil del tintero de las horas secas

un vals de silencios amartillados

en el silencio de una oscuridad

sin destino en su  propia urgencia.

Mueve  un desliz  en el  hilo de un destino

sin patria ni horizontes encintos

buscando un no se qué de un beso

desdibujado por el agua de un desierto

sin sol ni olas de un fatal espejismo.

Duerme la noche

en un bosquejo de un cuento inacabado.

Nada queda. Solo de una lágrima el eco

mordido por esta desesperanza.



Quiros fanos (χείρ φαίνω)




Quiros  fanos   (χείρ φαίνω)



Me esperas,

en esa oscuridad fatal por lo breve,

                (y eterna por lo incierta),

en un interrogante deseado por la tristeza

que en cada noche me abraza y me aniquila.

Y ya no llega el viento de mis versos

a la luz de aquella noche de esperanza,

                (y de tu nombre en las tinieblas),

en ese respirar acompasado por esa niebla

que es mi afán y mi destino

cuando las caricias de mi amada melancolía

me envuelven y, cálidas, lloran y me acarician.

Me esperas,

los ojos cerrados a ese tiempo vacío,

con mi reloj impar de horas disecadas.

Hacia ti, resignación muerta,  me encamino.

Ya nada cuenta, Sólo el mañana y su desafío






Te miro






Te miro



Te miro

cómo te deslizas, suave, leve, entre un tiempo

que te acosa en su propia indiferencia,

el alma abandonada en el interrogante de una vida

abierta al compás del abandono y su rutina.

Me asomo a la calidez de tus tristes ojos,

hambrientos mensajeros de una dulzura inacabada,

y adivino, cierto, de sonrisa una blanca marea,

de ternura, un frágil  horizonte siempre por desnudar.

Me deslizo, hoy,  entre las palabras,

fantasmas heridos de una inútil inconsciencia,

y te  las dibujo entre el viento herido de mis versos,

acaso mensajeros de una fatal esperanza incompleta .

Miro entre su cadencia  el cielo que te mira y te abraza

acariciando cómplice  un sueño para tus sueños.

Y tú, mientras, perdida en el camino de tus miedos…

Y yo…  atisbando el perfil de tu cielo con mis versos…





Vals ciego




Vals ciego



Ciegos, 

bailando un roto vals  

cuya música no entendemos

en un espacio indeterminado por la ausencia

de un dios alejado y dormido

en ese cielo ensombrecido por la tormenta.

Nos abrazamos a cuerpos

de brazos intermitentes de una triste agua

hambrienta de calor y de deseo

mientras unos  labios peregrinos

besan espejos de  mármol enmohecidos.

entre este compás maldito por tu recuerdo.

Y entre alguna sombra de sueños,

entre un absurdo compás solitario, dormidos

sigo bailando este vals contigo,

 un vals ciego de música de pasos perdidos